Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

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Tan tan quién toca la puerta…

Septiembre 19, 2007 · No hay comentarios

Llegué a la unidad de cuidados intensivos (UCI) con toda mi emoción del día. Cuando estaba con los dos pies bien adentro del río me di cuenta de que todos los médicos y enfermeros estaban viendo hacia el mismo lugar: el centro de la UCI. Me hubiera sentido terriblemente inapropiada y fuera de lugar, excepto porque nadie me estaba viendoa mí… como de costumbre, el mundo no gira a mi alrededor. Mh. Todas sus caras de gran tristeza estaban viendo a la familia del bebé que acababa de morir, a los 12 días de nacido. La coordinadora me preguntó qué hacemos y yo me congelé. Dije no tengo idea. Me preguntó por los materiales de duelo que les dan a los familiares y el proceso que siguen, y yo, con la misma cara de dónde estoy qué hago aquí y qué año es este. Dije no tengo idea y no hay nadie más del área. Les mandé un mensaje y nadie respondió. Regresé al piso (es decir, donde no es la UCI) y como en ese sueño donde se mueren todos, me encontré a mi amigo Tomelenfermero que iba de salida y se regresó para darme los materiales. Son una jotería total los materiales: una linda cajita, una tarjeta que firmamos todos, un sobre con bolsita para poner un mechón del bebé, unos moldes para hacer una impresión de sus patitas y sus manitas, una cobijita muy mona (si me preguntan, la cobijita es el elemento más poderoso), información sobre lo que deben esperar y sobre cómo obtener ayuda si quieren… y hay también una cámara Polaroid porque algunas familias no tienen nada de fotos de sus bebés y quieren tomar una foto aunque sea después de muerto. Es muy triste. Muy triste muy triste. Mi amigo Tomelenfermero se fue.

La encargada de la UCI me dijo que ellas tenían los materiales, pero que querían a uno de nosotros para entregarlo y acompañar a la familia. En síntesis, estaban muy tristes y afectadas, tanto que no querían hacerse cargo de empezar con el duelo. Y a nosotros que nos coman los gusanos, obvio, que eso es parte de nuestro trabajo, pero nunca conocimos al bebé o su familia y además de que no había nadie, me explicó después uno de mis super-visores, no es demasiado buena la idea de que la familia conozca toda una nueva persona en ese momento, cuando lo que menos puede es pensar y lo que menos necesita es interferencias. Entonces no hicimos nada.

El resto de mi día lo pasé en el gugui gugui. Gracias al cielo. ¡Adiós bebé desconocido! ¡Sé feliz!

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Diva y familia (primera parte)

Septiembre 17, 2007 · No hay comentarios

Esta es una historia de esas que se me quedan rondando y sólo me doy cuenta hasta semanas o días después, porque las sueño, o porque aparece en todas las páginas de mi diario del hospital, o porque cuando salgo a la calle sólo estoy esperando encontrármelos. Es una familia que pasa mucho tiempo en el hospi y sin querer, lo hacen un lugar cálido y feliz para nosotros. Niña chiquita tiene dos años recién cumplidos y será conocida de ahora en adelante como Pavito, debido a que su mamá la está engordando como pa cena de navidad… la idea, sin embargo, no es comérsela, sino al contrario, que la leucemia no se la coma.

La primera vez que vi a Diva, hermana de 8 años, fui por ella a su cuarto y la invité a jugar. Sus palabras, textualmente, fueron: estoy tan contenta de verte, soy una dama tan triste y taaaan aburrida, y mientras lo decía se llevaba el dorso de la mano a la frente, en un inconfundible gesto de diva y saltaba alegremente para ir a hacer coronas con limpiapipas. Después he visto poco a la Diva, pero mucho a Pavito y sus papás. Recién los mandaron a casa después de casi un mes en el hospi. La novedad triste es que la leucemia estaba ya muy en remisión y luego ya no. Y la recurrencia apareció mucho antes de lo esperado, por lo que el pronóstico médico no es muy bueno.

Entre tanto, pueden imaginarse que esta familia se las está viendo negras. Mamá y papá han volcado toda su atención en Pavito y Diva la ha perdido. Diva no dice nada, no da problemas en la escuela, no da problemas en la casa y no se queja. Diva es encantadora, brillante, creativa, con una personalidad que no le cabe en el cuerpo… Sólo hay que decirlo, que quede muuuuy claro, que el hecho de que no sea un problema manifiesto no la hace un encanto, es encantadora por su personalidad. A mí y al equipo nos preocupa precisamente que no diga nada, que no pueda comunicar sus necesidades, que tenga tan buena disposición y que sus papás se confíen. Diva parecerá de 12 años pero tiene 8. Ocho. Cuéntenlos: uno dos tres cuatro cinco seis siete ocho. Nada más. Y tememos que todo el estrés y la revolución emocional y práctica que implica la leucemia de Pavito, se cocinen como en olla express y la conviertan en una delincuente juvenil. Suena exagerado tal vez, pero como dice la Chimoltrufia, no nos hágamos tarugos, de dónde vienen los delincuentes juveniles sino de necesidades no detectadas a tiempo (entre otros factores, obvio).

Pa acabarla, decidieron que la mejor opción para Pavito es transplante de médula ósea. A Diva no le importaron nada las estadísticas y contra el 75% de probabilidaes, BAM, es perfectamente compatible. Lo bueno es que sí, Pavito tiene una oportunidad de sobrevivir, grande o pequeña no nos importa, la tiene. Lo malo, es que en la emoción del momento a Diva le dijeron que ella puede salvarle la vida a su hermanita. No es malo, es peligroso. Porque es mucha responsabilidad y el mensaje contrario está implícito: también tienes la posibilidad de dejarla morir. No es cierto, claro, pero ahora Diva pregunta antes de ir al cuarto de juegos si debe usar tapabocas, si no hay nadie contagioso, si puede comer unas cosas u otras, porque de pronto la línea que separa su vida y la de Pavito se puso muy borrosa.

No crean mis queridos lectores que nosotros nos aplastamos a ver la hecatombe. Hacemos cosas. Pero ahora tengo prisa y me tengo que ir. Hay mucho qué hacer.

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Epílogo con sabor a tamarindo (bueno, a Tamarinda)

Julio 3, 2007 · No hay comentarios

No se piense que mi abandono bloguístico se debe a mi corazón apachurrado. No. Nada de eso. De hecho, mi corazón está en paz y la muerte de Tamarinda tiene un lugar más lindo cada día. Al principio estaba un poco con la calma artificial de cuando las cosas se están preparando para explotar… (música de misterio). PERO entonces fui a correr, corrí mucho, sentí cómo cada vez que mis pies golpeaban fuerte el piso, la tristeza la maravilla la tranquilidad la bendición la confusión la ansiedad, todas las emociones se movían, como si brincaran en mi cuerpo de un lugar a otro. Después empecé a llorar, con fuerza. La loca del parque, seguro pensaban unos, pero me aguanté la pena. Corrí y lloré y corrí con toda mi fuerza en lugar de medirme como hago siempre, corrí hasta que no pude más de cansancio. Y luego sentí mi cuerpo libre, mi corazón limpio de enredos y desde entonces me siento contenta. Siento que puedo tocar el poder sanador de la muerte. Me siento poderosa, sé que puedo trabajar más y más en hospitales, aún con los niños muy enfermos. Además descubrí que es pronto para trabajar con niños en etapa terminal, pero no lo descarto para siempre. Lo dice mi amigo, la muerte es una bendición.

Gracias, Tamarinda, porque me regalaste un tesoro. Gracias porque tu muerte me ha traído mucha vida. Estás en mi historia, y en mi corazón. Tu muerte me ayudará a llevar vida a otros niños enfermos y hospitalizados.

Tengo más historias que contar. La de Lluvia, la de Bebé Furioso y la del Ninja hiperactivo. Pero como tengo tareas y reportes que entregar, me debo poner a trabajar en eso y tengo menos tiempo. Blog abandonado. No debo.

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¡Adiós, Tamarinda, adiós!

Junio 12, 2007 · 1 comentario

Te llevaré siempre en mi corazón.

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Perfumes

Junio 11, 2007 · No hay comentarios

Tamarinda muy mal, muy grave. Hoy entré a verla, su cara es otra, toda ella es muy flaca, los ojos en blanco, sólo gruñe y gime, moretones por todas partes, los pies hinchados y amarillos, y en todo el cuarto el olor de las últimas horas.

No pensaba entrar, estaba esperando a mi supervisora para hacer escudo moral las dos juntas. Pero entonces encontré a su mamá en el pasillo y por la confusión entre la señora de la limpieza la enfermera la familia que compermiso que yo voy pallá y tú qué, acabé dentro del cuarto. Me dijeron que no hablaba, me acerqué sin saber su estado de conciencia, me acerqué, sus ojitos en blanco y su cabeza casi sin pelo. Le dije Tamarinda, vine a saludarte, vine a…mh… a… no sabía que decir, si decir despedida, saludo, amor, sorpresa. Horror. Dije “me ha gustado mucho conocerte” me sentí tan tonta. Decidí que mejor no decir más. Volví a la puerta, quería irme pero no quería, quería estar con ella pero no sabía cómo. Me senté. Pregunté cosas triviales, el clima, el camino, lo que fuera para no hacer silencio. Luego me callé la boca. Le dije “Tamarinda, aquí estoy acompañándote”. El silencio se sintió bien, me acostumbré al olor.

Platiqué un rato con la mamá, reconocí lo cansados que están todos, lo desgastante que es para todos, Tamarinda y su familia, esta situación. Dije también que todos queremos que Tamarinda no tenga más dolor. Un rato después Tamarinda dejó de retorcerse y quejarse, y se quedó tranquila, respirando suavecito, como dormida.

Llegaron visitas, una niña, que se quedó tan impresionada com oyo cuando vio a Tamarinda. Visitó un rato, le preguntaron si quería ir a pintar, me la llevé. Pintamos. Luego volví con ella al cuarto.

Han pasado varias horas. Estoy triste. No tristeza desgarradora, tristeza azul. Sobre todo, quiero que Tamarinda deje de tener dolor, que la muerte no tarde demasiado y que la espera no la haga sufrir.

La primera vez que fui a trabajar a un hospital estuve en cuidados intensivos, con un niño con todo su cuerpo quemado. El olor de la piel quemada, de las medicinas y de su dolor se me quedó en la nariz durante días. Sentía que todos podían olerme a él.

Ahora tengo el olor de la infección, del cuerpo de Tamarinda a medio morir, empezando ya a descomponerse. Su espíritu hermoso, luminoso, saludable, atrapado en él. Que salga. Amén.

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Paseo con Tamarinda

Mayo 23, 2007 · No hay comentarios

Ayer hizo un día hermoso, hermoso, soleado y fresquito, y entonces me llevé a la Tamarinda (anteriormente llamada Tamara) a pasear. La saqué de contrabando del hospital, con permiso de su mamá y gorrita para el sol. Nos fugamos, caminamos alrededor del hospi, vimos las plantas, las florecitas, sentimos el aire fresquito y nos divertimos.

Lo raro es que dentro del hospi la Tamarinda parecía tan llena de energía y tan grande y fuerte, y afuera se veía tan frágil y pequeñita. Parecía que se rompía. Luego la vi con la luz del sol, vi sus manos moretoneadas, su cuello moretoneado porque ya no encuentran dónde ponerle nuevos tubos IV, la sangre seca alrededor de los tubos y los parches, los tres pelos rubios que la quimioterapia le ha respetado, sus patitas debiluchas, y el tono verdoso que le ha quedado en la piel. Era como verla por primera vez.

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La vida no es justa

Abril 16, 2007 · No hay comentarios

Bien lo decía Scar en el rey León. Y el asunto es que llevo años preguntándome si la vida no es justa. Y no es que ahora piense que es injusta, es simplemente que esos calificativos, justicia e injusticia, no aplican; son como de otro mundo.

Hay un cuarto de hospital, mismo cuarto, dividido por una cortina nada más. En un lado vive desde que nació un bebé, llamémosle Bebé 1. Le acaban de hacer una operación que la faltaba y que le permitió, por primera vez desde que nació, comer por su boca. Es más yo estuve ahí cuando le dieron de comer la primera vez, él estaba bajo una máquina de ultrasonido resonancia o una cosa de esas y yo con chaleco anti radiación a un metro de distancia. La emoción de la tecnología y ver el cuerpo por dentro, que es mi debilidad; también la emoción de escuchar el diagnóstico, y es que probablemente nunca podrá comer mientras esté acostado. El doctor decía “cuando sea adolescente no podrá estar acostado frente a la TV comiendo, va a tener que sentarse muy derechito”. Y a mí se me hacían agua mis ojitos de imaginarme a ese crío maravilloso al que vi sonreír por primera vez, patear los juguetes y engordar gramo por gramo, que he arrullado varias veces hasta que se queda dormido en mis brazos y con mis canciones… un día será un adolescente necio, que comerá comida chatarra frente a la TV. Me llena de alegría, el crío tiene un futuro, tendrá los problemas que cualquier otro hijo de vecino. ¡YEEEEEEEI! Luego me dio apachurramiento porque se irá del hospi, pero tengo tiempo para irme preparando y es por una razón tan tan tan buena y feliz.

La inaplicabilidad de la justicia viene porque en el mismo cuarto, al otro lado de la cortina “vive” otro bebé. Bebé 2 era feliz en casa disfrazándose de hombre araña y un día cataplum, convulsión, daño cerebral, estado vegetativo de por vida. No saben si pueda volver a moverse por él mismo, ya no digamos hablar. Es un misterio si oye o ve algo. Parece que con el tiempo se va deteriorando, fiebres, infecciones. Su mamá por fin pudo mencionar la palabra “muerte” para hablar de las expectativas respecto a Bebé 2. En cada ingreso de la familia al hospi veo como sus esperanzas se hacen más chiquitas.

Y no me atrevo a decir que es injusto lo que le pasa a bebé 2 y su familia. Porque implicaría que lo que pasa con Bebé 1 es justo. Sobre todo, implicaria una voluntad suprema actuando en favor de unos y en contra de otros, y eso sí que no lo puedo soportar. La vida no es justa, pero en estos asuntos, tampoco es injusta. Más bien, nadie merece estas cosas, porque están más allá de lo merecido o no. Esto es pura gratuidad, puro azar, eso quiero pensar. Puro destino, un destino abúlico, no personal, matemático, caótico.

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Justificación

Abril 13, 2007 · No hay comentarios

Y no es que me tenga que justificar. Hoy en día, cualquier hijo de vecino (como yo) tiene un blog y llena la red con sus tarugadas. Al menos este blog tiene la misión de descargarme el corazón y hacerme un poco más sana emocionalmente. Uy, pobre blog, compensando por lo que los años de terapia no han logrado.

El punto es: trabajo en hospitales. Con niños y niñas y adolescentes y sus familias. Unas veces mi corazón está muy feliz, y salgo llena de energía. Otras veces, salgo con el cuerpo adolorido y sueño que se muere mi familia, que todos tienen enfermedades mutantes o que tengo que cruzar una alberca de agua obscura en cuyo fondo viven perros de pelea. Últimamente es una mezcla de las dos cosas, y como no he aprendido a acomodar todo eso, pues lo escribiré. Todo.

Los nombres, edades, diagnósticos, han sido transformificados para proteger la identidad de quienes los portan. O sea, que si le atiné a alguien real, fue puro tinmaríndedopingüé. Y obvio, al que le caiga el sapo la pedrada. No. Al que le avientan un saco, regresa una pedrada. No. Si te avientan una piedra y no tienes un saco, brinca, como los sapos. Bueno, la idea es esa.

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