Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

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Primer día en emergencias (¿y ahora quién podrá ayudarme?)

Septiembre 8, 2007 · 1 comentario

Parte de mis nuevas funciones es la sala de emergencias. Muy diferente el ambiente. Otros olores, otros colores, no es la tierra de los cariñositos, muchos adultos, pacientes adultos, enfermeras médicos técnicos corriendo, bacinicas pasando, camillas, gente de emergencias, policía. Y eso que no tenemos una sala de trauma… ¡CRISTO REDENTOR!

Por ahora la hago de aprendiz. Nueva supervisora, una que no conocía, es más, una parte de mí pensaba que la mujer era medio mensa… encantadora, sí, pero medio mensa. Y hoy que la ví en acción OH POR DIOS es encantadora y brillante, pero además ES DE ACERO, la mujer. No lo creería, pero hoy la ví cotorrear alegremente y sujetar la cabeza de un niño mientras al niño le engrapan la cabeza, literalmente. Niño Superhéroe se cayó de un árbol y se abrió la cabeza. Hospital, grapas, tal, eso no fue todo.

Antes de eso, bebesito (yo lo escribo con S, se ve más bonito) de 2 meses, fiebre de origen desconocido y deshidratación. Con esos bebés la fiebre se puede poner loca en muy poco tiempo y como su cuerpo es tan pequeño y sus sistema inmune tan menso todavía, infección no encontrada puede volverse sepsis en menos que lo cuento… el caso es que le hicieron TODOS los cultivos. PERO oh magia, el chupón con poquito de agua con azúcar los pone en un estado de gran felicidad y relajación, eso sumado con que este bebé tenía un umbral muy alto de dolor, hizo que el bebé no hiciera más que un gesto de incomodidad cuando le pusieron la aguja para la sangre y la IV.

No fue nada fácil la tarea de poner la IV… para un bebé tan chiquito, hubo que traer a 3 enfermeras todas poderosas en IVs de bebés y tal, pero nada, le cambiaban la liga de lugar, lo volteaban, pasaban por las dos manos, los bracitos, las patitas diminutas de bebé de 2 meses chiquito. Finalmente una de ellas encontró vena y se lanzó y BAM a la primera lo logró. Bebé estaba más molesto con el apachurradero de extremidades que con la aguja, por suerte. Aguja dentro, había que sacar sangre para laboratorio… y entonces estrujadero porque bebé deshidratado y la sangre no salía. Y luego empezó a salir, una gota de hermosa y roja sangre roja, otra gota y otra y otra más. Cambio de tubo. Y entonces fue cuando yo empecé a verlo todo negro, no porque me haya puesto pesimista, sino porque de verdad se me obscureció la vista, mi presión arterial salió corriendo y yo tras ella. Ja. Jajajajajaja. Y es que me pareció una gran falta de estilo desmayarme en la sala de emergencias, desconsiderado, poco creativo, lugar común, primero muerta. Salí un momento, me senté, respiré bien hondo y bebí agüita fría. El mundo dejó de dar vueltas y regresé.

Todo bien hasta que Superhéroe llegó con su descalabrada. Mi supervisora le limpió la cabeza mientras él nos contaba que su papá era mucho peor de niño y luego entró en detalle sobre sus heridas y aventuras, luego sobre su propia escuela y algunos rincones turísticos de la ciudad. El papá, con su propia camiseta con sangre, babeaba enamorado de su hijito. Superhéroe nos contó que cuando caía, trató de salvar su cabeza, o al menos su cerebro, dijo, haciendo su cabeza hacia adelante. Brillante. Mente fugaz, Superhéroe brillante (y encantador). Doctor llegó y contó sus planes: voy a poner medicina para que deje de doler, luego voy a limpiarte y luego voy a poner grapas. ¡CLARO QUE NO!, exclamó Superhéroe. Le explicaron que no son las mismas grapas que tiene en casa, que son especiales, Supervisora dijo “¿qué prefieres, verdad o mentira? yo prefiero decirte la verdad” Él movió la cabeza en señal de sí. La movió muy poco, porque para ese momento ya estaba haciendo de estatua sobre la mesa. El doctor ya había magullado la herida todo lo que quiso, metió dos palitos con algodón para ver la herida por dentro y la sangre ya había empezado a escurrir. Y después del TAC TAC TAC TAC de la engrapadora de cebezas yo salí huyendo (sí, una vez más). Traté de volver pero cuando volví me dio náusea y regresé a mi silla. Jajajajaja.

Y me da risa porque no entiendooooooo. He visto mucho peor. He visto críos con quemaduras graves y abiertas y sangrantes por TODO el cuerpo, he visto humores corporales escurrir de quemaduras y heridas grandes abiertas, he visto mucho más y bah, lo he visto con los mismos ojos que a una rama caída. Cuando empezó todo a girar me recordé una y otra vez que la materia orgánica y que es la misma sustancia y las mismas (o casi) moléculas que forman las plantas lo animales y la gente que amo (claro, a la otra también). Pero dio lo mismo. Y entonces tenía la angustia de qué van a pensar de mí, supervisora nueva, que no puedo con la chamba, que no soy adecuada, que tal vez otra persona… me pregunto si eso intervino en que la emoción escalara en asco y en oh dios voy a azotar cual res necesito una silla osiliooooo. Seguro hizo lo suyo.

Por ahora, además de tener todas mis esperanzas puestas en que poc a poc iré haciendo estómago (y camino al andar), estoy un poco en choc. ¿Un día YO voy a poder hacer eso? ¿Un día yo voy a tener toda esa información, capacidad, seguridad, audacia? En poco tiempo he dado un salto gigante, como dije en el post de antes, ¿pasará lo mismo con la sala de emergencias? Tengo tanto que aprendeeeeeer, estoy en pánicoooooooo, osiliooooooo. Bueno, no debo dejar que el pánico me inmobilice. Por suerte tengo mis sueños, seguro que sueño con grapas y superhéroes y venas invisibles y sangre de colores llenando tubos. Muchos sueños para asimilar mejor. Ahora hasta estoy dudando de lo que sé, ¿de verdad sé lo que sé? ¿de verdad voy a poder? Se ve tan grande, tan urgente, tan importante, tan grande, tan difícil ¿Y ahora quién podrá defenderme (de mí misma, claro)? OSILIOOOOOOOOOOO.

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El mismo cuerpo, pero vivo

Julio 18, 2007 · 1 comentario

Mi amiga la Noche y hemos sido contratadas para ayudar en un funeral. Ella para hacer ejercicios físicos de relajación con los invitados (es maestra de Pilates) y yo para asistir con la parte emocional y hacer un ritual personal, más personal que la misa esperada.

El velorio es en una sala de una casa, en un lado hay una cama, y en la cama, cubierta y envuelta en sábanas, está la muerta. Bueno, su cuerpo. La Noche y yo estamos en un cuarto al lado de la sala, preparando nuestras cosas: ella sus pelotas ligas y ejercicios, yo mis materiales de arte. Hablamos de qué raro tener a la muerta sin caja, que finalmente es más amigable, creemos que nos gusta más, pero se nos hace raro. En el cuarto donde estamos hay dos camas, y en una de ellas hay otra muerta. Se llamaba Susana. Está envuelta en sábanas también y tardamos un rato en descubrir que sí, hay una muerta en el cuarto. Después de disfrutar tanta plática y el placer de estar trabajando juntas, estamos un poco en shock. El mismo miedo que no teníamos antes ahora lo tenemos. El cuerpo estaba ahí antes y el miedo acaba de llegar.

Me levanto del piso donde tengo mis cosas, miro a Susana, le digo a La Noche que no sé explicar el miedo. El cuerpo del muerto es el mismo que hace unas horas era una persona. Es el mismo, antes lo hubiera abrazado, reído, le daría masaje, le tomaría la manita… y ahora le tengo miedo. Le digo que me da miedo la quietud absoluta. Me da miedo porque no sé ver a los cuerpos sin latidos pulsos temperaturas respiraciones y cosas naciendo y muriendo bajo la piel. Me da miedo la quietud. Y entonces veo que no hay esa quietud en el cuerpo de Susana. Noche, Susana no está quieta. Y Susana se levanta y dice que no, que es un error, que ha dormido mucho pero nada más. Estamos contentas, la abrazamos, le sobamos la espalda, le damos besitos en la cara, le apretujamos los brazos para calentárselos.

Es el mismo cuerpo, pero vivo. Y aún así, los cadáveres me dan miedo.

(Es otro de mis sueños reveladores… falta uno bien loco de ayer, luego lo cuento).

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Intento asimilar

Abril 14, 2007 · Dejar un comentario

Las pasadas dos noches he soñado que se muere toda mi familia. Antenoche, mi hermana muere en un accidente de avión. Junto con mi papá, el exnovio de mi hermana y una amiga muy querida. Desperté llorando, mi jombre me hizo cucharita y me acarició la cabeza, volví a dormir. En la segunda parte, me llama una examiga de la universidad para darme el pésame (o sea, el asunto es muy oficial, lo saben los desconocidos). Examiga me dice que estaba en el banco cuando vio la noticia, que todo el banco se puso a llorar cuando vio las fotos de joven hermana, tan bonita y talentosa y ahora tan muerta. Yo pienso en si el cuerpo estaría muy dañado, pienso que qué bueno que pasaron fotos bonitas en la tele. No quiero hablar con nadie, no quiero saber si encontraron también el cuerpo de mi papá, ni en qué condiciones. Quiero dejarme caer y llorar por siempre. Salgo corriendo al hospital, llego al hospital, corro entre la gente que me ve. Encuentro a mi supervisora, que se cortó el pelo y es hermosa, con su sonrisa que nadie puede resistir y su carita de niña. Paso de largo y encuentro, por fin, a mi amigo Tomelenfermero, sé que es el único que me puede entender. Me abraza, me dice “es mucho, es toda tu familia, esto es mucho, está bien” y me acaricia la cabeza. Desperté llorando por segunda vez. Mi jombre me da besitos, me dice que piense en otra cosa, que es un sueño y que en la mañana les llame a todos para saber que están bien. A los quince minutos mi hermana llamó y me puse a llorar mucho. Todos están bien, claro.

El tema es que los sueños no son “sólo” sueños. Tengo en el hospi a Tamara, con una leucemia maldita que le tiene contadas las semanas. Yo no sé si Tamara sabe o no. Pero últimamente está de un humor maravilloso, paltica, saluda a larga distancia, por su presión arterial puede calcular los ml. de orina que arrojará, y hace apuestas con las enfermeras. Es increíble, divertida, amorosa, encantadora, inteligente, abierta al mundo, enamorada de sus papás. Y la empatía, que puede ser un mal incontrolable e incurable, me hace vivir su historia, transferir su situación a la mía.

La noche siguiente me visualicé paradita frente a Tamara. Le dije: “Tamara hermosa, mi corazón está contigo. LLevo días cargando tu historia como si fuera mía, y eso no está bien, porque tú puedes con tu historia. Así que te la devuelvo, aquí está. Te honro y honro tu destino.” Y ahora sí puedo acompañarla, desde un ladito y no desde enfrente.

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