Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

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El mismo cuerpo, pero vivo

Julio 18, 2007 · 1 comentario

Mi amiga la Noche y hemos sido contratadas para ayudar en un funeral. Ella para hacer ejercicios físicos de relajación con los invitados (es maestra de Pilates) y yo para asistir con la parte emocional y hacer un ritual personal, más personal que la misa esperada.

El velorio es en una sala de una casa, en un lado hay una cama, y en la cama, cubierta y envuelta en sábanas, está la muerta. Bueno, su cuerpo. La Noche y yo estamos en un cuarto al lado de la sala, preparando nuestras cosas: ella sus pelotas ligas y ejercicios, yo mis materiales de arte. Hablamos de qué raro tener a la muerta sin caja, que finalmente es más amigable, creemos que nos gusta más, pero se nos hace raro. En el cuarto donde estamos hay dos camas, y en una de ellas hay otra muerta. Se llamaba Susana. Está envuelta en sábanas también y tardamos un rato en descubrir que sí, hay una muerta en el cuarto. Después de disfrutar tanta plática y el placer de estar trabajando juntas, estamos un poco en shock. El mismo miedo que no teníamos antes ahora lo tenemos. El cuerpo estaba ahí antes y el miedo acaba de llegar.

Me levanto del piso donde tengo mis cosas, miro a Susana, le digo a La Noche que no sé explicar el miedo. El cuerpo del muerto es el mismo que hace unas horas era una persona. Es el mismo, antes lo hubiera abrazado, reído, le daría masaje, le tomaría la manita… y ahora le tengo miedo. Le digo que me da miedo la quietud absoluta. Me da miedo porque no sé ver a los cuerpos sin latidos pulsos temperaturas respiraciones y cosas naciendo y muriendo bajo la piel. Me da miedo la quietud. Y entonces veo que no hay esa quietud en el cuerpo de Susana. Noche, Susana no está quieta. Y Susana se levanta y dice que no, que es un error, que ha dormido mucho pero nada más. Estamos contentas, la abrazamos, le sobamos la espalda, le damos besitos en la cara, le apretujamos los brazos para calentárselos.

Es el mismo cuerpo, pero vivo. Y aún así, los cadáveres me dan miedo.

(Es otro de mis sueños reveladores… falta uno bien loco de ayer, luego lo cuento).

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En defensa de la infancia (…go en la hostia!)

Mayo 11, 2007 · No hay comentarios

Ya lo dijimos, que los humanos necesitamos saber. Cuando los prejuicios nos lo permiten, queremos saber detalles, minucias de accidentes, si salió sangre o no, si las tripas estaban regadas por el quirófano o no, si la sutura se hizo con hilos o con grapas, si nos dejan ver la piel implantada o no, etc.

La curiosidad es natural, claro, pero aquí desde mi anonimato, le voy a pedir a la mamá metiche que me cae mal que se abstenga de acosar a la pequeña hermosa y poderosa Trabalenguas sobre los motivos que la hacen estar diariamente en sesión de juego en el hospital. Más todavía, que se abstenga de preguntarle de la condición de su hermano, de si ella es alta o bajita, de si usa pañal o no. Se lo dije ayer, que la dejara en paz… y trambién que no necesitábamos saber los detalles de el entrenamiento de esfínteres de sus hijos, MUCHO MENOS estando ellos presentes. Qué invasión.

Me molesta MUCHO cuando los adultos se sienten en propiedad de la privacidad de sus hijos… peor, de los hijos de otros. Se ponen a platicar así, con ellos enfrente, evidenciándolos, señalándolos, si come o no come, si llora o no llora, si le dan miedo los médicos o no, si ya había dejado el pañal pero otra vez está haciendo pipí en la cama. De entrada, las regresiones en cuestiones de desarrollo son normales en críos hospitalizados, sépanlo. Y lo que los niños necesitan es sentirse más seguros, más queridos, más estables, más en control.

Me molesta que los adultos asuman que el mundo de los niños sólo existe desde una perspectiva adulta, y que como ellos saben que una toma de sangre de ninguna manera implica sacar TODA la sangre del cuerpo, los niños lo deben saber también y si no es porque son tontos llorones y codependientes y quieren llamar la atención. Es todo falso. El mundo infantil existe desde una perspectiva infantil, para ellos es real. Hay monstruos en el closet y abajo de la cama, todos los médicos les quieren poner inyecciones, todos los procedimientos médicos duelen, sus papás podrían abandonarlos en el hospital. Entiéndanlo, el mundo infantil es real para ellos, y decirles “eresunmensoniño” no ayuda… al contrario, son más años de terapia. Un día sí van a crecer y a entender, y hay que decirles las cosas, pero no ahy que maltratarlos por ver el mundo con ojos infantiles. No shinguen.

Y POR CIERTO, si lo que quieren son detalles, róbense los expedientes, léanlos y luego cállense la boca.

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Día intenso

Mayo 6, 2007 · No hay comentarios

Este fue un típico día favorito de hospital: primero llegar, organizar el espacio, dijeron que había pocos niños (pero todos me tocaron a mí), creí que iba a ser día de labores administrativas, papeles, organizaciones, etc. Y en eso llega la Pequeña Trabalenguas, que tiene 3 años y juega a llevar a las muñecas al hostipal (sí, al hostipal). Trabalenguas es hermosamente transparente, habla lo que quiere, dice “ándale, te toca decir algo” y no permite distracción cuando se juega con ella. El juego se trataba de unas amigas y un novio, de pronto el novio tiene una nueva novia y las amigas la matan ¡GULP!, porque no les gusta. ¡GULP! Por cierto, que a las Barbies se las cae la cabeza, y Trabalenguas constantemente les arrancaba la cabeza y las llevaba al hostipal. A la Barbie muerta la llevó también al hostipal, el novio lloró y luego fue a buscar otra novia. Siempre que un crío sale con el tema de la muerte, matar, atacar, etc, yo abro bien mis ojos para descubrir qué saben y qué entienden, y corregir ideas erróneas (ej. todos los que van al hospital mueren).

Mientras yo hacía mi tejido mental, mamá de otro bebé hablaba en voz muy alta de cómo la enfermedad de su bebé a interferido con su vida. Decía depresión, ansiedad, otro hijo que se porta mal, falta de atención, médicos dijeron, etc. Amablemente le dije que se callara la boca o que ahuecara el ala (estimada mamá: entiendo que necesites hablar de lo que estás viviendo, pero sería mejor hacerlo en un espacio de adultos, este es un espacio de chiquitos y queremos que ellos se puedan relajar). Toda la sala guardó silencio y yo roja y helada y la mamá helada… sentí muy feo, angustia, empecé a escuchar mi respiración. ¡GULP! Le dije también que si quería salir de ahí con su comadre pa que pudieran platicar yo le echaba un ojo a su bebé. Dijo que estaba bien, que entendía, que yo tenía razón… y se fue a platicar DE LO MISMO con otros papás. ¡GULP! Ah que la… ya no le dije nada porque estaban otros papás con su propio niño, total, cada quien sus jijos, ellos pagarán los años de terapia, con su pan se lo coman.

Luego mi supervisora llamó y oyó mi voz de angustia, voz de “acabo de decirle de cosas a una mamá, y tengo a bonita Trabalenguas resolviendo sus asuntos con la enfermedad de su hermano”, y vino en mi osilio y me mandó a terapia intensiva (para que me despejara, claro). Ahí fue muy hermoso porque ví cicatrices, aparatos, fluidos, curaciones y esas cosas. Mientras jugaba con un bebé de 7 meses a esconderme y salir haciendo BÚ y bebé se asomaba por la sábana adivinando por dónde saldría, y se reía, y 4 médicos me observaban desde afuera y hablaban de que bebé está muy lindo y activo y no quieren sedarlo durante todo el verano ¡GULP!

Al final del día recorrí todos los cuartos en busca de juguetes abandonados. Saludé a todo el piso. Vi más cicatrices, más tubos, más curaciones, más bolas y más medicinas. Cuando veo eso no veo pacientes, no veo niños hospitalizados: veo tubos curaciones bolas heridas grapas cicatrices.

Hice mi reporte a mi supervisora, hicimos planes, inventamos cosas para los niños. Regresé llena de energía, oliendo a hospital, saltando y sonriendo por las calles.

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¡Viva el morbo!

Abril 19, 2007 · 3 comentarios

Dice la Real Academia Española:

morbo.
(Del lat. morbus).
1. m. enfermedad (‖ alteración de la salud).
2. m. Interés malsano por personas o cosas.
3. m. Atracción hacia acontecimientos desagradables.

Siempre que quería ver un pájaro muerto, un personaje ensangrentado en TV, conocer los detalles biológicos de una enfermedad, los comentarios de mi familia eran “aaaaaaaaaay, qué morbosaaaaaa”. Y yo creía que era malo, será por el tono de escándalo con el que lo decían. He intentado por años controlar el impulso, pero no más. He leído, he trabajado y he decidido que el morbo no es malo, es natural. Más que eso: el morbo es bueno, es sano.

Cuando paso frente a los quirófanos, siempre disfruto la lentitud del elevador y espero con ansias alcanzar a ver un poquito de algo… mi fantasía espera ver un órgano, un instrumento, tantita sangre. Jajajajajaja. Me ha tomado años admitirlo. No se ve nada, claro, pero esa es mi fantasía. Hace unas semanas pasaba frente al estacionamiento de uno de los hospitales, y ví como sacaban un cuerpo en una bolsa… no se veía nada, más que la bolsa. Me seguí de largo porque me parecía poco “elegante”, pero me quedé inquieta y nerviosa. Al día siguente murió un bebé en el hospital, y mientras la mamá abrazaba y arrullaba el cuerpo, yo lo veía, tratando de disimular mi petrificación. Lo veía, no pude resistirlo, necesitaba estar segura de su color, de la quitud del cuerpo, y era un bebé al que había cargado muchas veces, le acaricié la cabeza. Toda la escena fue tan triste, tan desgarradora, tan intensa, que al día siguiente recuperé toda la alegría que durante semanas había estado perdiendo.

La vida es implacable. Y la muerte otro tanto. Y frente a esto, nada, el morbo. Es una manera de transformar la vulnerabilidad, la fragilidad ante la muerte. No creo que sea un interés malsano, como dice la RAE… bola de puritanos anticorpóreos:. Aclaro, que quede MUY claro, que no soporto la violencia, no tolero ver la violencia, ni siquiera escucharla o leerla. Pero el cuerpo, el hermoso cuerpo humano, la sangre que le da oxígeno y vida, los hermosos órganos con sus colores y sus formas redondas y sus funciones perfectas.

RAE, iros al cuerno. El morbo es el interés natural del ser humano por su naturaleza biológica. Por su cuerpo, sus procesos. Es un intento por reafirmarse como ser biológico, renegar de la pureza física, disfrutar lo no bello, abrazar lo no bello. Es colocarse frente a la vida implacable, jugar con la ilusión de control, de fuerza, de conocimiento, de poder.

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