Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

Entradas clasificadas como ‘La papaya cósmica’

Noticias del Infante Mostaza

Octubre 7, 2007 · Dejar un comentario

Gracias a todas las enfermeras, enfermeros, terapeutas, especialistas infantiles, médicos y médicas y todos los que han dedicados horas de su tiempo a cargar sobar platicar conocer entender mover a Infante Mostaza. Por suerte para él (y para la sociedad, la verdad), el crío llora cuando no está en brazos o involucrado en conversación o juego, así que se ha convertido en prioridad. En una semana, el cambio es radical: se encontró las manos, imita los ruidos, sonríe más, levanta su cabeza cuando está boca abajo y lo más impresionante, hace fuerza en las patitas cuando lo ponemos de pie… ¡¡¡¡¡¡se acaba de dar cuenta de que tiene piernaaaas!!!!! Cada minuto ha creado consistencia y la consistencia da frutos.

El apego es otro boleto, mi esperanza es que pronto se irá a su casa y estará justo a tiempo de apegarse a su familia, después de unas semanas o meses llorará cuando vea una persona nueva y cuando mamá se aleje aunque sea unos minutos, sonreirá ampliamente al ver unas caras y se esconderá de otras, y poco a poco irá sabiendo quiénes son los suyos y qué tan suyos son, y cuando sea grande podrá tener relaciones profundas, poderosas y amorosas con quien él quiera. Total, ¿no se trata de eso la vida?

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Epílogo con sabor a tamarindo (bueno, a Tamarinda)

Julio 3, 2007 · Dejar un comentario

No se piense que mi abandono bloguístico se debe a mi corazón apachurrado. No. Nada de eso. De hecho, mi corazón está en paz y la muerte de Tamarinda tiene un lugar más lindo cada día. Al principio estaba un poco con la calma artificial de cuando las cosas se están preparando para explotar… (música de misterio). PERO entonces fui a correr, corrí mucho, sentí cómo cada vez que mis pies golpeaban fuerte el piso, la tristeza la maravilla la tranquilidad la bendición la confusión la ansiedad, todas las emociones se movían, como si brincaran en mi cuerpo de un lugar a otro. Después empecé a llorar, con fuerza. La loca del parque, seguro pensaban unos, pero me aguanté la pena. Corrí y lloré y corrí con toda mi fuerza en lugar de medirme como hago siempre, corrí hasta que no pude más de cansancio. Y luego sentí mi cuerpo libre, mi corazón limpio de enredos y desde entonces me siento contenta. Siento que puedo tocar el poder sanador de la muerte. Me siento poderosa, sé que puedo trabajar más y más en hospitales, aún con los niños muy enfermos. Además descubrí que es pronto para trabajar con niños en etapa terminal, pero no lo descarto para siempre. Lo dice mi amigo, la muerte es una bendición.

Gracias, Tamarinda, porque me regalaste un tesoro. Gracias porque tu muerte me ha traído mucha vida. Estás en mi historia, y en mi corazón. Tu muerte me ayudará a llevar vida a otros niños enfermos y hospitalizados.

Tengo más historias que contar. La de Lluvia, la de Bebé Furioso y la del Ninja hiperactivo. Pero como tengo tareas y reportes que entregar, me debo poner a trabajar en eso y tengo menos tiempo. Blog abandonado. No debo.

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Sobre la vida y la muerte

Mayo 28, 2007 · Dejar un comentario

Si la Coatlicue se apersonara en estos tiempos, en estas ciudades, seguro seguritititito que lo haría en un hospital. Pa los que no sepan, Coatlicue es la diosa azteca de la vida y de la muerte. Wikipedia dice que tiene una apariencia horrible, a mí me parece hermosa. Es la madre de todos los dioses, la diosa de la fertilidad, la madre del sol, la luna y las estrellas. Una diosa así, que encuentra belleza por igual en la vida y en la muerte, que escucha por igual el llanto de un niño que nace y uno que muere, que besa por igual una piel quemada por tantas medicinas y una que sólo ha tocado líquido amniótico.

En mi universo mitológico, la Coatlicue es la mismísima Madre Naturaleza, que encuentra vida y fascinación toda la materia orgánica, sean seres u órganos viscosos, flores, aceites curativos, vivos o muertos, tejidos útiles o desechados. La misma maravilla le provoca una ampolla que se abre para tirar fluidos podridos, que una flor que se abre unan vez al año y huele a miel. Coatlicue, la Madre Naturaleza, la Emperatriz Infantil.

Lo dije hace unas semanas, pero no se me acaba la impresión, en el hospital la muerte y la vida están pegadas, lo hermoso y lo terrible, todo es cierto, todo es caos y orden perfecto, perfectamente caótico, una niño se retuerce de dolor y otro llora para que lo dejen correr por los pasillos, unos mueren y otros nacen, los mismos pacientes son desahuciados y siguen vivos, mejoran aunque nadie lo crea; o de pronto empeoran y nadie sabe porqué. Un día el corazón, PUC, dejó de latir, sin motivo. Una infección de oído se convierte en meningitis, una infección generalizada desaparece de la noche a la mañana. Así es hospital, todo eso, al mismo tiempo, todo latiendo vibrando circulando, hay llantos y risas y sangre que se pierde y sangre que se regala, vidas que se acaban y que empiezan, y por cada vida que se acaba otras empiezan.

Todo latiendo, ¿cómo no enamorarse de un lugar así? Todo en el mismo edificio, en el mismo piso, en la misma cama, envuelto en las mismas sábanas.

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Sobre el daño cerebral

Mayo 22, 2007 · Dejar un comentario

Cuando el diagnóstico es cáncer, leucemias, enfermedades idiopáticas (o sea, que no se sabe de dónde vienen), uno entiende, yo entiendo. Entiendo que no hay razón ni predestino ni objetivo ulterior para las gaderas de la vida. Y listo. Cuando el daño cerebral es producto de una convulsión idopática, o de una condición de inicio repentino, da mucho dolor.

Pero cuando el daño cerebral es producto de la violencia, de un adulto maltratando a su hijo, o al hijo de alguien, entonces el daño cerebral es una bendición. Y otra vez me tienta la idea de que hay una razón, un orden, un espíritu que vela por algunos.

Una persona golpeó tanto a su hijo que le causó un daño neurológico irreversible. Coma, o estado vegetativo, o alguna forma de inconciencia. O eso espero. Espero que lo único que ese bebé pueda sentir en adelante, en lo que le queda de vida, sea el calorcito de una persona que lo quiere y lo cuida, el efecto flotante de la morfina, el vaivén de su columpio. Que nunca tenga que enfrentarse a su realidad, que nunca tenga que verbalizar lo que vivió. Espero que no sufra nunca más.

Morir NUNCA es lo peor. Con todo mi amor, con todo mi corazón, con lo más sagrado y amoroso de mi ser, le deseo la muerte. A ese bebé, a todos los niños irremediablemente maltratados, a todos los pacientes terminales, sobre todo a los que sufren, les deseo una buena muerte.

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¡Viva el morbo!

Abril 19, 2007 · 3 comentarios

Dice la Real Academia Española:

morbo.
(Del lat. morbus).
1. m. enfermedad (‖ alteración de la salud).
2. m. Interés malsano por personas o cosas.
3. m. Atracción hacia acontecimientos desagradables.

Siempre que quería ver un pájaro muerto, un personaje ensangrentado en TV, conocer los detalles biológicos de una enfermedad, los comentarios de mi familia eran “aaaaaaaaaay, qué morbosaaaaaa”. Y yo creía que era malo, será por el tono de escándalo con el que lo decían. He intentado por años controlar el impulso, pero no más. He leído, he trabajado y he decidido que el morbo no es malo, es natural. Más que eso: el morbo es bueno, es sano.

Cuando paso frente a los quirófanos, siempre disfruto la lentitud del elevador y espero con ansias alcanzar a ver un poquito de algo… mi fantasía espera ver un órgano, un instrumento, tantita sangre. Jajajajajaja. Me ha tomado años admitirlo. No se ve nada, claro, pero esa es mi fantasía. Hace unas semanas pasaba frente al estacionamiento de uno de los hospitales, y ví como sacaban un cuerpo en una bolsa… no se veía nada, más que la bolsa. Me seguí de largo porque me parecía poco “elegante”, pero me quedé inquieta y nerviosa. Al día siguente murió un bebé en el hospital, y mientras la mamá abrazaba y arrullaba el cuerpo, yo lo veía, tratando de disimular mi petrificación. Lo veía, no pude resistirlo, necesitaba estar segura de su color, de la quitud del cuerpo, y era un bebé al que había cargado muchas veces, le acaricié la cabeza. Toda la escena fue tan triste, tan desgarradora, tan intensa, que al día siguiente recuperé toda la alegría que durante semanas había estado perdiendo.

La vida es implacable. Y la muerte otro tanto. Y frente a esto, nada, el morbo. Es una manera de transformar la vulnerabilidad, la fragilidad ante la muerte. No creo que sea un interés malsano, como dice la RAE… bola de puritanos anticorpóreos:. Aclaro, que quede MUY claro, que no soporto la violencia, no tolero ver la violencia, ni siquiera escucharla o leerla. Pero el cuerpo, el hermoso cuerpo humano, la sangre que le da oxígeno y vida, los hermosos órganos con sus colores y sus formas redondas y sus funciones perfectas.

RAE, iros al cuerno. El morbo es el interés natural del ser humano por su naturaleza biológica. Por su cuerpo, sus procesos. Es un intento por reafirmarse como ser biológico, renegar de la pureza física, disfrutar lo no bello, abrazar lo no bello. Es colocarse frente a la vida implacable, jugar con la ilusión de control, de fuerza, de conocimiento, de poder.

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La vida no es justa

Abril 16, 2007 · Dejar un comentario

Bien lo decía Scar en el rey León. Y el asunto es que llevo años preguntándome si la vida no es justa. Y no es que ahora piense que es injusta, es simplemente que esos calificativos, justicia e injusticia, no aplican; son como de otro mundo.

Hay un cuarto de hospital, mismo cuarto, dividido por una cortina nada más. En un lado vive desde que nació un bebé, llamémosle Bebé 1. Le acaban de hacer una operación que la faltaba y que le permitió, por primera vez desde que nació, comer por su boca. Es más yo estuve ahí cuando le dieron de comer la primera vez, él estaba bajo una máquina de ultrasonido resonancia o una cosa de esas y yo con chaleco anti radiación a un metro de distancia. La emoción de la tecnología y ver el cuerpo por dentro, que es mi debilidad; también la emoción de escuchar el diagnóstico, y es que probablemente nunca podrá comer mientras esté acostado. El doctor decía “cuando sea adolescente no podrá estar acostado frente a la TV comiendo, va a tener que sentarse muy derechito”. Y a mí se me hacían agua mis ojitos de imaginarme a ese crío maravilloso al que vi sonreír por primera vez, patear los juguetes y engordar gramo por gramo, que he arrullado varias veces hasta que se queda dormido en mis brazos y con mis canciones… un día será un adolescente necio, que comerá comida chatarra frente a la TV. Me llena de alegría, el crío tiene un futuro, tendrá los problemas que cualquier otro hijo de vecino. ¡YEEEEEEEI! Luego me dio apachurramiento porque se irá del hospi, pero tengo tiempo para irme preparando y es por una razón tan tan tan buena y feliz.

La inaplicabilidad de la justicia viene porque en el mismo cuarto, al otro lado de la cortina “vive” otro bebé. Bebé 2 era feliz en casa disfrazándose de hombre araña y un día cataplum, convulsión, daño cerebral, estado vegetativo de por vida. No saben si pueda volver a moverse por él mismo, ya no digamos hablar. Es un misterio si oye o ve algo. Parece que con el tiempo se va deteriorando, fiebres, infecciones. Su mamá por fin pudo mencionar la palabra “muerte” para hablar de las expectativas respecto a Bebé 2. En cada ingreso de la familia al hospi veo como sus esperanzas se hacen más chiquitas.

Y no me atrevo a decir que es injusto lo que le pasa a bebé 2 y su familia. Porque implicaría que lo que pasa con Bebé 1 es justo. Sobre todo, implicaria una voluntad suprema actuando en favor de unos y en contra de otros, y eso sí que no lo puedo soportar. La vida no es justa, pero en estos asuntos, tampoco es injusta. Más bien, nadie merece estas cosas, porque están más allá de lo merecido o no. Esto es pura gratuidad, puro azar, eso quiero pensar. Puro destino, un destino abúlico, no personal, matemático, caótico.

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