Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

Entradas clasificadas como ‘El maistro longaniza’

Día intenso

Mayo 6, 2007 · Dejar un comentario

Este fue un típico día favorito de hospital: primero llegar, organizar el espacio, dijeron que había pocos niños (pero todos me tocaron a mí), creí que iba a ser día de labores administrativas, papeles, organizaciones, etc. Y en eso llega la Pequeña Trabalenguas, que tiene 3 años y juega a llevar a las muñecas al hostipal (sí, al hostipal). Trabalenguas es hermosamente transparente, habla lo que quiere, dice “ándale, te toca decir algo” y no permite distracción cuando se juega con ella. El juego se trataba de unas amigas y un novio, de pronto el novio tiene una nueva novia y las amigas la matan ¡GULP!, porque no les gusta. ¡GULP! Por cierto, que a las Barbies se las cae la cabeza, y Trabalenguas constantemente les arrancaba la cabeza y las llevaba al hostipal. A la Barbie muerta la llevó también al hostipal, el novio lloró y luego fue a buscar otra novia. Siempre que un crío sale con el tema de la muerte, matar, atacar, etc, yo abro bien mis ojos para descubrir qué saben y qué entienden, y corregir ideas erróneas (ej. todos los que van al hospital mueren).

Mientras yo hacía mi tejido mental, mamá de otro bebé hablaba en voz muy alta de cómo la enfermedad de su bebé a interferido con su vida. Decía depresión, ansiedad, otro hijo que se porta mal, falta de atención, médicos dijeron, etc. Amablemente le dije que se callara la boca o que ahuecara el ala (estimada mamá: entiendo que necesites hablar de lo que estás viviendo, pero sería mejor hacerlo en un espacio de adultos, este es un espacio de chiquitos y queremos que ellos se puedan relajar). Toda la sala guardó silencio y yo roja y helada y la mamá helada… sentí muy feo, angustia, empecé a escuchar mi respiración. ¡GULP! Le dije también que si quería salir de ahí con su comadre pa que pudieran platicar yo le echaba un ojo a su bebé. Dijo que estaba bien, que entendía, que yo tenía razón… y se fue a platicar DE LO MISMO con otros papás. ¡GULP! Ah que la… ya no le dije nada porque estaban otros papás con su propio niño, total, cada quien sus jijos, ellos pagarán los años de terapia, con su pan se lo coman.

Luego mi supervisora llamó y oyó mi voz de angustia, voz de “acabo de decirle de cosas a una mamá, y tengo a bonita Trabalenguas resolviendo sus asuntos con la enfermedad de su hermano”, y vino en mi osilio y me mandó a terapia intensiva (para que me despejara, claro). Ahí fue muy hermoso porque ví cicatrices, aparatos, fluidos, curaciones y esas cosas. Mientras jugaba con un bebé de 7 meses a esconderme y salir haciendo BÚ y bebé se asomaba por la sábana adivinando por dónde saldría, y se reía, y 4 médicos me observaban desde afuera y hablaban de que bebé está muy lindo y activo y no quieren sedarlo durante todo el verano ¡GULP!

Al final del día recorrí todos los cuartos en busca de juguetes abandonados. Saludé a todo el piso. Vi más cicatrices, más tubos, más curaciones, más bolas y más medicinas. Cuando veo eso no veo pacientes, no veo niños hospitalizados: veo tubos curaciones bolas heridas grapas cicatrices.

Hice mi reporte a mi supervisora, hicimos planes, inventamos cosas para los niños. Regresé llena de energía, oliendo a hospital, saltando y sonriendo por las calles.

Categorías: El maistro longaniza · En defensa de la infancia · Morbo · Pacientes · Qué día feliz