Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

Entradas de Mayo 2008

Otra vez con la verdad

Mayo 19, 2008 · Dejar un comentario

La mayor parte de mi trabajo consiste en decirle la verdad a los niños. Verdades médicas, generalmente, relacionadas con dolor emocional o físico. Y además estar ahí para acompañarlos en el proceso de asimilar y superar esas verdades. Hoy estuve otra vez en Urgencias y no hubo niñosasí que tuve tiempo de pensar en situaciones de mi propia historia que me hicieron, tras muchas vueltas, estar profesionalmente en donde estoy:  en este papel de decir verdades duras y acompañar durante situaciones horribles. Casualmente, todas están relacionadas con cuestiones médicas. Claro que todo tiene que ir de acuerdo al nivel de desarrollo y comprensión de los críos, pero ya será en otra ocasión que discutamos las estrategias concretas. Por lo pronto, van las ancédotas específicas:

  • En cuarto de primaria me corté en un dedo. Era una herida chiquita pero profunda que sangraba y sangraba. Mi maestro, quien por cierto era mi ídolo, llegó con un algodón con alcohol y ante mi cara de oh demonios eso va a doler ni siquiera me dejó dudarlo. Con toda su pedagogía me dijo: aprieta los dientes y ve para otro lado, y me puso el alcohol. Y lo logramos. Me dolió mucho, claro, pero lo superé como las grandes y al final me sentía victoriosa.
  • Por esas mismas fechas, tenía aftas en la boca todo el tiempo. Y una doctora amiga de mi mamá me trajo una medicina. Literalmente me dijo: esto sabe a madres y arde como la chingada, pero te va a curar muy rápido. Tenía razón: un sabor ácido amargo horrible y un dolor que me sacó las lágrimas irremediablemente, pero me gustó saberlo de antemano, me gustó que me dijeran la verdad y estar preparada.
  • Cuando tenía doce años me abrí la cabeza cayéndome en la regadera. Me acuerdo de mi mamá diciéndole a mi hermana que fuera con el doctor de la esquina a preguntarle si hacía suturas. Y desde ahí recuerdo todo el tiempo estar en dolor y en pánico, todo el tiempo, nadie me oyó decir que no quería y nadie me dijo que no tenía otra opción. Todo mundo, con sus mejores intenciones, claro, desde mi familia hasta el médico, fingieron que yo no estaba ahí. O así me sentí yo.
  • La más poderosa, creo, fue cuando, también como a los 12 ó 13 años mi mamá se rompió un hueso de la pierna en una caída muy simple. Entre el estrés de todo mundo, una de sus amigas tuvo el acierto de sacarme de ahí, me llevó a comer. En el coche me dijo tu mamá tiene cáncer, muy fuerte, por eso se le rompió la pierna. Le pregunté, con la misma simpleza que ella utlizaba, si mi mamá se iba a curar. Me dijo que no sabía, que la primera vez que tuvo cáncer dijo que nunca más quería pasar por el tratamiento. Claro, en ese momento no pude concebir las dimensiones de lo que decía. Pero desde ese momento y hasta ahora le estoy profundamente agradecida. En medio de todo el caos que implica tener una madre enferma durante la mayor parte de la infancia, fue una bendición tener a alguien que se atreviera a decirme la verdad y aunque no podía hacer nada, era muy bueno saber qué estaba pasando.

Y de ahí, pal real.

Y por estas, y seguro otras muchas historias, es que hago lo que hago.

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Urgencias

Mayo 13, 2008 · Dejar un comentario

De febrero a mayo… demasiado tiempo sin escribir. No por falta de material sino de tiempo, aunque sí he estado pasando menos tiempo en el hospi, tengo historias que me dan vueltas en la cabeza y así. ¿Será que mi necesidad de desahogo es menor conforme me adapto al ambiente? ¿Será que este blog cumplió su función de ayudarme a sobrevivir entre IVs y críos enfermos y familias chuecas y la vida y la muerte abriéndose camino como pueden?

Hoy hay historia. Dos historias. De ayer. Para ponerlos en antecedentes, cuéntoles que como parte de mi entrenamiento me tocó estar en la Sala de Urgencias. Las primeras veces me tuve que salir de unos procedimientos por sentir que me desmayaba con la sangre, después superé esa parte, pero estaba segura de que nunca podría hacer ese trabajo entre tanta rpisa y tanto miedo de los niños y sus papás y tanto estrés. Y luego, me enamoré del lugar y del trabajo y del acelere, me enamoré perdidamente cuando ví lo importante de estar ahí para esas familias y esos niños. O sea, que evidentemente hay una gran parte de ego, porque en verdad que me siento más necesaria y más útil en la SU que en Piso (en adelante, léase SU como Sala de Urgencias y Piso con mayúscula como el área donde internan a los críos). También me gusta que todo sucede tan rápido que no me da tiempo de cuestionarme 20 veces qué haré que haré, o de dudar de mí misma, más bien el asunto es lanzarse y esperar que el paracaídas se abra, y si no se abre, entonces intentar caer con gracia… o al menos sobrevivir.

Ayer, por ejemplo, llegué a la SU y las llaves de la oficina no estaban. Así que me quedé sin los recursos y materiales educativos que normalmente tengo: libros, diagramas, muñecos, notas, etc. Ni siquiera tenía acceso a la computadora, pero no importó nada. Ni siquiera había acabado de dejar mis cosas cuando ya me estaba metiendo a distraer a un chiquito que le iban a poner una IV y luego con otra familia de la que no sabía NADA y así me tocó hacer las preguntas incorrectas y pasar los momentos incómodos y después de todo hacer: TA DAAAAAA, reverencia y listo. Y en esos momentos de total niideadequéestápasando y de dispénsemesiyalepreguntaronlomismo1000veces, una parte de se mantiene pensando que mi objetivo es apoyar a esa familia, hacerlos más fuertes, reducir el estrés en papás y niños, reducir la probabilidad y el impacto del trauma hospitalario, por lo que no me da tiempo de hacer pausa y pensar oh mi ego oh que mensa oh tal y tal.

Bueno, sin más material que mi información y mi formación, lo logré y hasta creo que lo logré muy bien. Claro que viéndolo de cerca, pienso ahora en cómo lo hubiera hecho mejor: si dentro de la evaluación tenía que haber preguntado tal y tal cosa, si dentro del juego tenía que haber incluido ciertas opciones, y así. Pienso, por ejemplo, que podía hacer usado la muñeca de una niña de 3 años para explicarle qué es un catéter urinario, y que hubiera podido hurtar un poco de solución de yodo y algodón para familiarizarla con el incio del procedimiento, y que si yo hubiera hecho todo eso, seguro todo el proceso hubiera sido más sencillo para ella… pero ayer no tuve tiempo y la verdad es que sólo se me ocurrió cuando ya le estaban poniendo el catéter y me acordé de todos los pasos. Hacía como 2 meses que no me tocaba estar en una de esas. Bueno, pequeña niña de ayer, lo siento que la preparación no fue la mejor del mundo. Lo siento que no tuvimos los materiales ni la creatividad para facilitarte el evento. La próxima vez, con el siguiente niño, será mucho mejor. Claro que eso a ti no te importa ni te consuela

Lo que a mí me consuela es pensar en lo que sí hice: establecerun relación de confianza con ella y su familia, dar ayuda y apoyo durante el procedimiento, preparar con todo detalle a la mamá, respetar su decisión de ser relevada por el papá a la mera hora, y facilitar y apoyar que la nena expresara su desacuerdo con el estúpido catéter. Oh demonios, me faltó hablar con la familia de qué tipo de comportamientos esperar de la nena durante los próximos días y cómo apoyarla cuando esté en casa… chale, yo estaba pensando que hice un gran trabajo y ahora pienso en todo lo que no hice, pero es que cuando iba a verlos de nuevo ya se habían ido a su casa. Mh. Bueno, de cualquier manera me queda la satisfacción de lo que sí hice y de que la próxima vez lo haré mejor. Así son las cosas en Urgencias.

Ah que yo iba a contar otra historia, pero es muy linda y vale la pena darle su propio post así que será a la vuelta.

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