Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

Entradas de Julio 2007

Fiesta con Lluvia

Julio 30, 2007 · 1 comentario

La historia de Lluvia es ésta: estaba en el hospi por causas desconocidas. Observación, que le dicen. Pasó todo un día en su cuarto con mamá y papá, sólo fui a saludar para que al segundo día ya fuera una cara conocida y lo más importante, una cara que no la picó con jeringas ni la esculcó como delincuente ni dijo palabras larguísimas en un idioma desconocido (el idioma médico). Ella me miró, sonrió y no dijo una palabra. Ándale, Lluvia, dile algo a la muchacha, dile gracias, saluda. Y yo: no, no hace falta, mejor otro día que agarre confianza. Me fui. Siguiente día no quiso salir del cuarto conmigo para jugar. Llevé plastilina y colores y juguetes a su cuarto. Ándale, Lluvia, dile gracias, mira qué cosas lindas te trajo, algo dile. Y yo de nuevo: no, después.

Mismo día médicos hablando en el cuarto con papás y Lluvia los veía con cara de entes desconocidos de qué estarán hablando. La invité a jugar con plasilina. Dijo sí porque su mamá la llevó. Estuvimos jugando las tres. Mamá preguntaba Lluvia qué vas a hacer con esa plastilina, y Lluvia decía en voz baja un vestido. Yo hice un perro espacial con muchos ojos y colores azules. Lluvia me quitaba la plasti que yo dejaba descuidada en la mesa. No me hablaba. Yo pensaba, bueno, le toma tiempo sentirse cómoda con extraños, que se tome su tiempo, pasa normalmente en hospitales, tal. después de una hora o así Papá de Lluvia llegó y Mamá de Lluvia se fue con él. Vamos aquí abajo, dijeron, por un café. Yo tenía nervios, pensando si Lluviecita estaría tranquila conmigo. Le preguntaron, dijo sí.

Se fueron. Diez segundos después, toda la travesura del mundo se agolpó en los ojos negros grandotes de Lluvia que me dijo “ya se fueron” y luego carcajada. Y yo con cara de interrogación. Y Lluvia me contaba todo. Que va a tener una hermanita, que se llamará Luna, que ella le escogió el nombre, que ella se escogió su propio nombre, Lluvia, que su abuela, su perro, su mamá, su casa, su escuela. Güiri güiri sin parar y con tanto entusiasmo que mis intervenciones se limitaban a interjecciones y gestos con la cabeza. Mientras tomaba toda la plastilina y la revolvía y cada nuevo color que se formaba la llenaba de emoción y gritaba “wooooooooow” y decía “Mira, mira, desapareció el azul ahora es gris, desapareció el amarillo, ahora es gris, este vestido va a ser muy elegante para una fiesta”.  En un momento decidió que mi perro espacial tenía que ser parte del vestido, adiós perro espacial, cumple tu destino.

Asi hasta que oh sorpresa, descubrió que Mamá y Papá de Lluvia estaban en la sala atrás de nosotras, escuchando a Lluvia jugar con su vestido de fiesta. El vestido era un diseño único que el ojo inexperto vería como una bola inmensa de plastilina. Y la fiesta era en mi corazón, y en mi mente porque no entendía nada de esa niña, pero cómo nos estábamos divirtiendo.

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El mismo cuerpo, pero vivo

Julio 18, 2007 · 1 comentario

Mi amiga la Noche y hemos sido contratadas para ayudar en un funeral. Ella para hacer ejercicios físicos de relajación con los invitados (es maestra de Pilates) y yo para asistir con la parte emocional y hacer un ritual personal, más personal que la misa esperada.

El velorio es en una sala de una casa, en un lado hay una cama, y en la cama, cubierta y envuelta en sábanas, está la muerta. Bueno, su cuerpo. La Noche y yo estamos en un cuarto al lado de la sala, preparando nuestras cosas: ella sus pelotas ligas y ejercicios, yo mis materiales de arte. Hablamos de qué raro tener a la muerta sin caja, que finalmente es más amigable, creemos que nos gusta más, pero se nos hace raro. En el cuarto donde estamos hay dos camas, y en una de ellas hay otra muerta. Se llamaba Susana. Está envuelta en sábanas también y tardamos un rato en descubrir que sí, hay una muerta en el cuarto. Después de disfrutar tanta plática y el placer de estar trabajando juntas, estamos un poco en shock. El mismo miedo que no teníamos antes ahora lo tenemos. El cuerpo estaba ahí antes y el miedo acaba de llegar.

Me levanto del piso donde tengo mis cosas, miro a Susana, le digo a La Noche que no sé explicar el miedo. El cuerpo del muerto es el mismo que hace unas horas era una persona. Es el mismo, antes lo hubiera abrazado, reído, le daría masaje, le tomaría la manita… y ahora le tengo miedo. Le digo que me da miedo la quietud absoluta. Me da miedo porque no sé ver a los cuerpos sin latidos pulsos temperaturas respiraciones y cosas naciendo y muriendo bajo la piel. Me da miedo la quietud. Y entonces veo que no hay esa quietud en el cuerpo de Susana. Noche, Susana no está quieta. Y Susana se levanta y dice que no, que es un error, que ha dormido mucho pero nada más. Estamos contentas, la abrazamos, le sobamos la espalda, le damos besitos en la cara, le apretujamos los brazos para calentárselos.

Es el mismo cuerpo, pero vivo. Y aún así, los cadáveres me dan miedo.

(Es otro de mis sueños reveladores… falta uno bien loco de ayer, luego lo cuento).

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Bebé Furioso y los apellidos de alcurnia

Julio 17, 2007 · 3 comentarios

La historia de bebé furioso confirma mi teoría de que no existen niños malportados sino adultos irresponsables (o muy sopes para entender las necesidades de los niños).

Bebé Furioso no era Bebé Furioso en un prinicipio, obvio, hasta que lo hicieron enojar. Era Bebé Sociable, Bebé Meescondo, Bebé Tesonrío, Bebé Juegoconlapelota… que poco a poco se fue convirtiendo en Bebé Tenguambre, Bebé Yamecansé-del-hospital, Bebé Yameaburrí, Bebé Cámbienmeelpañal y Bebé Mamáhazmecaso. Pero Mamá no era Mamá Listaparahacermecargo-delhijoqueengendré, sino Mamá Tengoquevermicorreo, Mamá Mimailesmasimportante y no la juzguemos, tal vez también era Mamá Yotambiénquieroquealguiensehagacargodemí. Claro, pero Bebé lleva mano, qué se cree.

Así que en un momento yo lo que escuché era Bebé Auxilionadiemehacecaso, que se traducía en llanto y grito. Salí disparada a ver si accidente o ayuda requerida. Bebé, con todos su apellidos de alcurnia, estaba echado en el piso junto a la puerta llorando. Pregunté a Mamá si Bebé estaba bien (pregunta retórica, que mamá entendió como pregunta-pregunta). Sucedió la siguiente conversación:

Mamá: Sí, es que ya se aburrió, se quiere salir del cuarto de juegos.
Yo: ¿Quieres que lo lleve a dar la vuelta al pasillo?
Mamá: No, es que tiene caca, le tengo que cambiar el pañal.
Yo: ¿Quieres que te ayude con algo para que tú te puedas hacer cargo de él?
Mamá: No, es que tengo que pagar unas cosas del banco.
Yo: TOING… y luego lo que siguió fue conversación interna: y por eso Bebé Furiosoqueaestasalturas tirabapatadas, porque tú, con tu noción de tiempo de adulta decides que es más importante pagar tu cuenta ahoririritititita mismo, total, Bebé tiene la capacidad cerebral y emocional de ser paciente, de aguantar otros 15 minutos con el pañal con caca, su ansiedad de bebé, su aburrimiento y su cansancio, y sobre todo, la desesssssseperrrración y adrenralina de que Mamá sólo dice “ya vooooy” y nomás no va!!!!!

Una vez más …. goenla hostia! Y luego yo no sabía qué hacer, para proteger a Bebé Mevanadarungolpesiabrenlapuerta pero sin causar un conflicto con Mamá Estoyenmietapaegocéntrica de Nomeayudenyohagotodosola. Prioridad máxima: la seguridad de Bebé. Me paré junto a la puerta para evitar que la abrieran. Claro que recibí las patadas que me correspondían, para Bebé Sáquenmedeaquímeestoyvolviendoloco, yo era Gigante Malditaquiéneséstaporquésemeacercatanto-AUSILIOOOOO.

Hasta que Mamá se convirtió en Mamá Yameacordéquetengounhijo, o tal vez en Mamá Ahcómomolestaestaviejaasínosepuedeverelemail… lo importante es que se levantó de la compu, agarró a su mijito que se convirtió en Bebé Graciasmamáporsalvarmedelpeligro.

Lo dicho, Bebé Furioso, que a los ojos de algunos cuantos ignorantes e insensibles sería Bebé Berrinche, era simplemente Bebé Estoyenfalta, Bebé Necesito, Bebé Bebé, en síntesis. Y el que quiera discutirlo conmigo, será en vivo… esta es de las cosas que solamente se arreglan a golpes porque no acepto un argumento que no esté completamente del lado del bebé y sus necesidades. ¡JA!

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Epílogo con sabor a tamarindo (bueno, a Tamarinda)

Julio 3, 2007 · Dejar un comentario

No se piense que mi abandono bloguístico se debe a mi corazón apachurrado. No. Nada de eso. De hecho, mi corazón está en paz y la muerte de Tamarinda tiene un lugar más lindo cada día. Al principio estaba un poco con la calma artificial de cuando las cosas se están preparando para explotar… (música de misterio). PERO entonces fui a correr, corrí mucho, sentí cómo cada vez que mis pies golpeaban fuerte el piso, la tristeza la maravilla la tranquilidad la bendición la confusión la ansiedad, todas las emociones se movían, como si brincaran en mi cuerpo de un lugar a otro. Después empecé a llorar, con fuerza. La loca del parque, seguro pensaban unos, pero me aguanté la pena. Corrí y lloré y corrí con toda mi fuerza en lugar de medirme como hago siempre, corrí hasta que no pude más de cansancio. Y luego sentí mi cuerpo libre, mi corazón limpio de enredos y desde entonces me siento contenta. Siento que puedo tocar el poder sanador de la muerte. Me siento poderosa, sé que puedo trabajar más y más en hospitales, aún con los niños muy enfermos. Además descubrí que es pronto para trabajar con niños en etapa terminal, pero no lo descarto para siempre. Lo dice mi amigo, la muerte es una bendición.

Gracias, Tamarinda, porque me regalaste un tesoro. Gracias porque tu muerte me ha traído mucha vida. Estás en mi historia, y en mi corazón. Tu muerte me ayudará a llevar vida a otros niños enfermos y hospitalizados.

Tengo más historias que contar. La de Lluvia, la de Bebé Furioso y la del Ninja hiperactivo. Pero como tengo tareas y reportes que entregar, me debo poner a trabajar en eso y tengo menos tiempo. Blog abandonado. No debo.

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