Emociones hospitalarias. Crónicas desde la montaña rusa.

Entradas de Junio 2007

¡Adiós, Tamarinda, adiós!

Junio 12, 2007 · 1 comentario

Te llevaré siempre en mi corazón.

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Perfumes

Junio 11, 2007 · No hay comentarios

Tamarinda muy mal, muy grave. Hoy entré a verla, su cara es otra, toda ella es muy flaca, los ojos en blanco, sólo gruñe y gime, moretones por todas partes, los pies hinchados y amarillos, y en todo el cuarto el olor de las últimas horas.

No pensaba entrar, estaba esperando a mi supervisora para hacer escudo moral las dos juntas. Pero entonces encontré a su mamá en el pasillo y por la confusión entre la señora de la limpieza la enfermera la familia que compermiso que yo voy pallá y tú qué, acabé dentro del cuarto. Me dijeron que no hablaba, me acerqué sin saber su estado de conciencia, me acerqué, sus ojitos en blanco y su cabeza casi sin pelo. Le dije Tamarinda, vine a saludarte, vine a…mh… a… no sabía que decir, si decir despedida, saludo, amor, sorpresa. Horror. Dije “me ha gustado mucho conocerte” me sentí tan tonta. Decidí que mejor no decir más. Volví a la puerta, quería irme pero no quería, quería estar con ella pero no sabía cómo. Me senté. Pregunté cosas triviales, el clima, el camino, lo que fuera para no hacer silencio. Luego me callé la boca. Le dije “Tamarinda, aquí estoy acompañándote”. El silencio se sintió bien, me acostumbré al olor.

Platiqué un rato con la mamá, reconocí lo cansados que están todos, lo desgastante que es para todos, Tamarinda y su familia, esta situación. Dije también que todos queremos que Tamarinda no tenga más dolor. Un rato después Tamarinda dejó de retorcerse y quejarse, y se quedó tranquila, respirando suavecito, como dormida.

Llegaron visitas, una niña, que se quedó tan impresionada com oyo cuando vio a Tamarinda. Visitó un rato, le preguntaron si quería ir a pintar, me la llevé. Pintamos. Luego volví con ella al cuarto.

Han pasado varias horas. Estoy triste. No tristeza desgarradora, tristeza azul. Sobre todo, quiero que Tamarinda deje de tener dolor, que la muerte no tarde demasiado y que la espera no la haga sufrir.

La primera vez que fui a trabajar a un hospital estuve en cuidados intensivos, con un niño con todo su cuerpo quemado. El olor de la piel quemada, de las medicinas y de su dolor se me quedó en la nariz durante días. Sentía que todos podían olerme a él.

Ahora tengo el olor de la infección, del cuerpo de Tamarinda a medio morir, empezando ya a descomponerse. Su espíritu hermoso, luminoso, saludable, atrapado en él. Que salga. Amén.

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