Si la Coatlicue se apersonara en estos tiempos, en estas ciudades, seguro seguritititito que lo haría en un hospital. Pa los que no sepan, Coatlicue es la diosa azteca de la vida y de la muerte. Wikipedia dice que tiene una apariencia horrible, a mí me parece hermosa. Es la madre de todos los dioses, la diosa de la fertilidad, la madre del sol, la luna y las estrellas. Una diosa así, que encuentra belleza por igual en la vida y en la muerte, que escucha por igual el llanto de un niño que nace y uno que muere, que besa por igual una piel quemada por tantas medicinas y una que sólo ha tocado líquido amniótico.
En mi universo mitológico, la Coatlicue es la mismísima Madre Naturaleza, que encuentra vida y fascinación toda la materia orgánica, sean seres u órganos viscosos, flores, aceites curativos, vivos o muertos, tejidos útiles o desechados. La misma maravilla le provoca una ampolla que se abre para tirar fluidos podridos, que una flor que se abre unan vez al año y huele a miel. Coatlicue, la Madre Naturaleza, la Emperatriz Infantil.
Lo dije hace unas semanas, pero no se me acaba la impresión, en el hospital la muerte y la vida están pegadas, lo hermoso y lo terrible, todo es cierto, todo es caos y orden perfecto, perfectamente caótico, una niño se retuerce de dolor y otro llora para que lo dejen correr por los pasillos, unos mueren y otros nacen, los mismos pacientes son desahuciados y siguen vivos, mejoran aunque nadie lo crea; o de pronto empeoran y nadie sabe porqué. Un día el corazón, PUC, dejó de latir, sin motivo. Una infección de oído se convierte en meningitis, una infección generalizada desaparece de la noche a la mañana. Así es hospital, todo eso, al mismo tiempo, todo latiendo vibrando circulando, hay llantos y risas y sangre que se pierde y sangre que se regala, vidas que se acaban y que empiezan, y por cada vida que se acaba otras empiezan.
Todo latiendo, ¿cómo no enamorarse de un lugar así? Todo en el mismo edificio, en el mismo piso, en la misma cama, envuelto en las mismas sábanas.